De los sistemas de climatización, la ventilación suele ser el aspecto que más suele pasarse por alto, tanto por parte de instaladores como de los usuarios. Esto, unido a la naturaleza de los espacios de trabajo, donde muchas personas pasan mucho tiempo en una estancia, puede hacer que la calidad del aire pueda descender drásticamente sin que se tomen las medidas adecuadas. Por ello, conviene conocer algunas consideraciones para mantener una ventilación interior de calidad.

 

Claves para mantener una ventilación interior de calidad

 

¿En qué consiste exactamente la ventilación?

La ventilación de una estancia hace referencia a la entrada de aire fresco, renovando el anterior, ya viciado y cargado.

 

Puede ser realizada de manera natural, por desplazamiento, forzada, o una combinación de dos de las anteriores, a través de ventiladores que, a su vez, se clasificarán como inyectores o extractores. Estos serán los encargados de cuidar la calidad del aire interior, una cuestión esencial para los edificios dedicados a oficinas y despachos.

 

 

¿Por qué es importante tener una ventilación de calidad?

Si un sistema de ventilación es ineficiente o inadecuado, su incidencia podría traducirse en problemas de salud o molestias para las personas que se encuentran en ese entorno en concreto. Es por ello que, desde el momento de su instalación, la ventilación cobra una relevancia altísima, ya que de ella depende el bienestar de los trabajadores.

 

Además, una buena ventilación mantendrá la humedad y la temperatura en unos niveles adecuados, previniendo problemas de manchas de condensaciones en la pared y la estructura. Las humedades pueden causar algunas derivaciones de salud, como asma, además de que podrían corroer la estructura de un edificio.

 

 

Las condiciones termohigrométricas: claves

Estas condiciones hacen referencia a la situación física ambiental del espacio en el que desarrollamos nuestro trabajo, midiendo la temperatura, la humedad y la ventilación.

Contar con una instalación que cuide algunos parámetros termohigrométricos siempre será sinónimo de una ventilación de aire de calidad. Para ello, hay algunas claves que deben tenerse en cuenta para un correcto funcionamiento, tal y como reflejan las normativas.

 

  • La temperatura de una oficina de oscilar entre los 17 y 27 grados centígrados.

 

  • La humedad nunca podrá descender por debajo del 30% o superar el 70%, excepto aquellos locales donde existan riesgos específicos.

 

  • Las velocidad de las corrientes de aire no pueden superar los siguientes límites:
    • 0,25 m/s en trabajos en ambientes no calurosos.
    • 0,50 m/s en trabajos sedentarios en ambientes calurosos.
    • Y siempre será de 0,25 ms/s si son corrientes de aire acondicionado.

 

 

Las fugas, el enemigo a combatir

Uno de los principales problemas de la ventilación es que muchos edificios tienen problemas de fugas de aire, es decir, no son herméticos. Por ello, es esencial someter a toda la infraestructura a un estudio profesional para determinar si existen problemas de este tipo.

 

No solo así se conseguirá un mejor entorno de trabajo, en el que los trabajadores no estén sometidos a condiciones de estrés ambiental, sino que, además, se conseguirá ahorrar energía en un alto porcentaje. Algunos estudios apuntan a que las fugas de aire podrían ocasionar un aumento del gasto energético de hasta el 40%, por lo que cuidar este aspecto puede resultar beneficioso para todas las partes.

 

Además, un edificio con capacidad hermética necesitará una instalación más reducida de equipamiento para alcanzar su ventilación idónea, reduciendo costes y optimizando el uso.

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