Historia, presente y futuro de la iluminación

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El control de la luz natural y los sistemas de iluminación artificial son un reflejo de la evolución de la sociedad. La luz ha sido y es un factor determinante en la distribución de nuestras viviendas, en la configuración de los espacios de los edificios públicos, de nuestras calles, en definitiva, de nuestro hábitat. Por ende, la luz ha formado y forma parte nuestro bienestar y de nuestra calidad de vida.

Historia de la iluminación

Desde la Domus (casa) romana, el compluvium que permitía abrir al exterior desde el interior de la casa y éste permitía la iluminación de las estancias de la vivienda. Posteriormente las iglesias y catedrales; románicas, góticas, etc., todos los espacios estaban diseñados y construidos considerando el aprovechamiento de la luz natural.

Por el contrario, las herramientas (luminarias) de las que se disponía cuando el sol se ocultaba eran pocas y precarias: los candiles y lucernas de cerámica, alimentados con aceite de oliva era todo de lo que se disponía para contrarrestar la oscuridad en los hogares.

No es hasta el siglo XVIII, en el que aparece el quinqué; en su inicio alimentado con aceite de ballena, cuando se produce el primer salto cuantitativo y cualitativo en el alumbrado, aunque éste también se muestra insuficiente. En paralelo, las principales calles de algunas ciudades se iluminan con lámparas de gas, el transporte del mismo por tubería, ocasionará no pocos incendios y explosiones en algunas ciudades. Habrá que esperar a finales del siglo XVIII, tras la invención de la máquina de vapor por Watt a finales del siglo XVIII y la consiguiente revolución industrial. El mundo de la ingeniería parecerá volverse loco, con una lista más que  interminable de inventos.

Posteriormente, a finales del siglo XIX se produce lo que se llega a considerar la segunda revolución industrial, esto es motivado de nuevo por la avalancha de inventos que van a cambiar la forma de vida de la sociedad. Las comunicaciones con el invento del teléfono. El transporte, con el automóvil. La industria y los hogares con la corriente alterna y muchos otros de menos importancia.

Y es en ese periodo, en 1878 con la invención de la lámpara incandescente por Joseph Wilson Swan, (aunque 25 años antes Heinrich Göbel ya había patentado una en Alemania), es cuando  se produce una auténtica revolución en el alumbrado.

Hay que decir que en paralelo se inventará la lámpara fluorescente 1894 y posteriormente en 1904 la lámpara de mercurio. La lámpara incandescente y posteriormente la fluorescente esta vez sí, van a suponer un cambio cualitativo y cuantitativo en el alumbrado. Todo tipo de fábricas, hogares, hospitales, centros de enseñanza, comercios, calles, etc., podrán seguir funcionando cuando el sol se ponga. Antes de la invención de la lámpara eléctrica la actividad se veía drásticamente reducida por la imposibilidad de ver adecuadamente.

Se van a diseñar multitud de dispositivos para alojar el nuevo invento: apliques, lámparas de sobremesa, lámparas colgantes, lámparas de pie, se pueden contar por millares. Y aparece el binomio: bien iluminado – mucha luz. Llenar los espacios de luz, sin medida ni criterio, eso era en lo que consistía iluminar. Este concepto por desgracia casi ha llegado hasta el siglo XXI. Para luchar contra este adagio tuvo que aparecer Richard Kelly (1910-1977) a mediados del siglo pasado y establecer como se iban a iluminar los espacios en el futuro, no poniendo luces, sino diseñando la iluminación. Hubo otros adelantados, como William Lam (1924-2012), fueron ellos los que consiguieron que iluminar espacios no sólo fuera una cuestión cuantitativa.

Kelly define: “luz para ver”, “luz para mirar” y “luz para contemplar”. La primera era el elemento que daba iluminación general del entorno y garantizaba la visión de objetos y personas. El segundo, luz para mirar su cometido era participar en la transmisión de información. Por último, la luz para contemplar, no sólo la luz puede mostrar información, puede ser información en si misma.

Richard Kelly colabora desarrollando proyectos luminotécnicos con arquitectos que han pasado a formar parte de la historia de la arquitectura como Mies van der Rohe (1886-1969). Es a mediados del siglo XX., cuando nació la figura del luminotécnico o diseñador de iluminación, aunque tardaría años en consolidarse.

Las lámparas incandescentes evolucionaron e introduciendo un gas halógeno en una ampolla más pequeña, se obtuvieron las lámparas incandescentes halógenas. De la misma manera las lámparas de descarga de gases también evolucionaron mediante la utilización de nuevos compuestos: sodio y halogenuros metálicos.

Tuvimos que esperar a 1992 cuando Isamu Akasaki, Hiroshi Amano y Shuji Nakamura (físicos), inventaron el Led blanco de alto rendimiento, para que hubiera otro salto cualitativo en la iluminación. Sólo hay que pensar que estábamos funcionando en iluminación con una tecnología de más de 100 años, lo cual, en parte, era difícil de entender. Aunque si nos vamos al mundo del transporte, los motores de nuestros coches son también de una tecnología del siglo XIX, de igual manera que nuestros teléfonos, hasta la aparición en 1984 del primer teléfono inalámbrico.

Presente de la iluminación

El Led ha venido para quedarse unos cuantos años o al menos hasta que así lo decidan las multinacionales de la iluminación. Somos conscientes, que en unos años, todos llevaremos coches eléctricos porque así lo han decidido las multinacionales del automóvil y no porque se haya inventado ahora el motor eléctrico. El motor eléctrico en el automóvil es al igual que el motor Otto de gasolina o el motor Diésel de gasóleo tan antiguo como estos, es decir del siglo XIX.

Futuro de la iluminación

El futuro del Led probablemente en una primera fase venga dado por la sustitución de algunos arseniuros y nitruros del Led actual, por nuevos materiales como el grafeno.

Pero, el futuro de la iluminación se está investigando en estos momentos. Se están estudiando tecnologías más complejas. La iluminación mediante nanotubos de carbono, estos, son literalmente tubos microscópicos de láminas de carbono enrolladas, actualmente se utilizan en medicina. Existen otras líneas de investigación, como la bioluminiscencia (mediante bacterias) que es el mismo principio que utilizan los animales marinos; es decir, el uso de unas determinadas proteínas fluorescentes.

Aparte de estos, hay otros nuevos sistemas investigándose, unos en fase embrionaria, otros más avanzados. Quizá estos queden guardados en un cajón y sean otras investigaciones las que nos den otro salto cualitativo y cuantitativo en la iluminación.

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