En la actualidad, vivimos en un mundo totalmente digitalizado y los aparatos de electrónica se encuentran presentes en prácticamente todos los rincones de nuestra vida, incluido el del trabajo. Esto ha provocado que el volumen de desechos electrónicos (o como se conoce en inglés, e-waste) haya crecido hasta tres veces más que otros residuos. ¿Cómo podemos reciclar estos aparatos para reducir como negocio nuestra huella ecológica?

 

¿Cómo se reciclan los aparatos de electrónica profesional?

 

Si bien es cierto que la tecnología nos hace el día a día más fácil, el final de su vida útil puede suponer algunos retos, debido a algunos de sus componentes altamente contaminantes. Es por ello que debemos aprender cómo se reciclan los aparatos de electrónica profesional para que, el día de mañana, cuando nos hayan dado lo mejor de su ciclo vital, podamos desecharlos con la tranquilidad de no estar dañando el medioambiente.

 

¿Qué son los RAEE?

Estas siglas responden a Residuos de Aparatos Eléctricos y Electrónicos, y es como se conoce dentro del sector a la “basura electrónica” generada, tanto a nivel de un hogar particular como del resultado de una labor profesional.

 

Estos residuos provienen siempre de aparatos cuyo funcionamiento depende de una corriente eléctrica o de un campo electromagnético, con una tensión nominal de funcionamiento menor a 1.000 V en corriente alterna y 1.500 V en corriente continua.

 

¿Cómo se clasifican?

  • Grandes electrodomésticos.
    • Frigoríficos, congeladores y otros equipos refrigeradores.
    • Aire Acondicionado.
    • Radiadores y emisores térmicos con aceite.
    • Otros grandes electrodomésticos.
  • Pequeños electrodomésticos.
  • Equipos de informática y telecomunicaciones.
  • Aparatos electrónicos de consumo y paneles fotovoltaicos.
    • Televisores, monitores y pantallas.
    • Paneles fotovoltaicos de silicio.
    • Paneles fotovoltaicos de teluro de cadmio.
    • Otros aparatos electrónicos de consumo.
  • Aparatos de alumbrado (excepto luminarias domésticas).
    • Lámparas de descarga de gas.
    • Lámparas LED.
    • Luminarias profesionales.
    • Otros aparatos de alumbrado.
  • Herramientas eléctricas y electrónicas (con excepción de las herramientas industriales fijas de gran envergadura).
  • Juguetes o equipos deportivos y de ocio.
  • Productos sanitarios (con excepción de todos los productos implantados e infectados).
  • Instrumentos de vigilancia y control.
  • Máquinas expendedoras.
    • Máquinas expendedoras con gases refrigerantes.
    • Resto de máquinas expendedoras.

¿Cómo se reciclan los aparatos de electrónica profesional?

 

Aparatos electrónicos: ¿qué dice la ley?

El Real Decreto 208/2005 del 25 de febrero es el que hace referencia a esta cuestión y sienta las bases del reciclaje de los RAEE, en función de las directivas europeas ya existentes.

 

Según esta normativa, son los productores de los aparatos eléctricos y electrónicos (es decir, aquellas personas físicas o jurídicas que fabriquen y vendan este tipo de productos) los encargados de adoptar las medidas necesarias para que sus residuos puedan ser recogidos de manera selectiva, garantizando  una correcta gestión medioambiental.

 

El deber de los profesionales

Como profesionales, si hemos llevado a cabo una instalación profesional para sustituir un aparato de estas características, tendremos que hacernos cargo de los residuos que se han generado y entregarlos al mayorista vendedor, que es, como dice la normativa, el responsable de recibirlos y gestionarlos.

 

Muchas actividades industriales conllevan el uso de pilas y baterías que, al término de su vida útil, generan residuos peligrosos, y cualquier empresa que las posea es responsable de hacer que estos se reciclen de manera correcta.

 

Una vez en las manos adecuadas, estos residuos pasarán por un proceso de reciclaje que incluye su desmontaje manual y la separación de los componentes peligrosos, de manera que pueda neutralizarse el impacto que de otra manera sería notablemente contaminante. Reciclar es un deber que no solo tenemos como ciudadanos, sino también como profesionales, ya que el cuidado de nuestro entorno es una responsabilidad empresarial que en ningún momento podemos pasar por alto.

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